martes, 10 de noviembre de 2009

La experiencia del ALBA

Ariadna Somoza Zanuy, pagina 12 suplemento cash, 8 de noviembre de 2009.



Los procesos de transformación que se viven en nuestros días en latinoamérica se empiezan a institucionalizar. Hablamos de procesos de transformación, en general, porque cada uno tiene su particularidad, ya sean socialismos del siglo XXI o estados plurinacionales, y una voluntad común: buscar la integración latinoamericana. Los países que están llevando adelante los procesos más profundos están construyendo el ALBA: la Alternativa Bolivariana para las Américas, como respuesta al intento de implementación del ALCA en nuestras tierras.
El ALBA nació como una iniciativa de Cuba y Venezuela, allá por el 2004, cuando el ALCA era algo inminente hasta que en la Cumbre de Mar del Plata se le dijo NO definitivamente. Hoy en día el mismo está integrado, además, por Ecuador, Nicaragua, Honduras, Bolivia, Dominica, Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas. A diferencia del ALCA, se trata de una estrategia de integración basada en la solidaridad, el reconocimiento de las particularidades étnicas y culturales y el bienestar de los pueblos por sobre la libre circulación de mercancías y mano de obra y la libertad de empresa. En el eje económico, el intercambio comercial tiene que ver más con un medio para alcanzar los objetivos anteriores que un fin en sí mismo.
Para alegría de todos, este cambio de época implica también un cambio a nivel de paradigmas, filosófico. La crisis internacional ayudo a que esta vuelta de hoja se profundizara, a que los pasos sean más grandes y decididos. Pero esta crisis demostró también lo perverso del sistema actual, en el cual las grandes potencias siguen siendo una aspiradora de divisas de países que logran recuperarse económicamente y, cuando lo hacen, se descapitalizan antes de poder desarrollarse porque los países centrales aspiran sus divisas. Este sistema tiene su terminal final en la mayor potencia, EEUU, y el “patrón dólar” que rige para todos los movimientos financieros de todo el mundo.
Esta fuga de capitales constantes hacia los países centrales, ya sea vía pago a organismos internacionales de crédito, vía depósitos bancarios en el exterior, colocación en forma de bonos en el tesoro norteamericano y remisión de utilidades de empresas transnacionales, implica ni más ni menos que los países de la región no dispongan de su propio dinero para sustentar sus proyectos nacionales soberanos. Esta dominación económica, por ende, tiene directo impacto en la dominación política. No hay posibilidad de emancipación de la región si no se construye un nuevo sistema financiero, acorde a estos nuevos vientos de cambio.
Es a partir de esta evaluación que el año pasado el ALBA comenzó a pensar y diseñar la idea del SUCRE: Sistema Unitario de Compensación Regional. Esto implica más que una moneda: es una nueva arquitectura financiera para la región, y como tal, demanda distintas etapas para su implementación y desarrollo, en la cual constituir una moneda común es una de ellas.
Como su nombre lo indica, el SUCRE expresa la voluntad de compensar, lo cual significa poder disminuir las diferencias económicas regionales existentes, intentando que el comercio internacional en la región sea más justo, basándose esto en el principio de solidaridad y bienestar de los pueblos. Esto significa pensar mecanismos que eliminen las diferencias en cuanto a los distintos tipos de cambios, a las distintas producciones y productividades, resaltando capacidades y oportunidades de cada país, fortaleciendo a los más débiles, buscando la cooperación monetario-financiera, creando un Banco Regional de Desarrollo para definir inversiones y otorgar créditos a los países miembros. Todo esto no es otra cosa que la integración regional real.
El SUCRE permitiría, con el tiempo, ir reemplazando el “patrón dólar” para las transacciones que se hacen entre los países de la región. ¿Qué sentido tiene que Ecuador tenga que comprar dólares a EEUU para poder comprarle petróleo a Venezuela? En el medio de este perverso mecanismo, queda mucho dinero de los latinoamericanos y, sobre todo, la posibilidad de alcanzar la soberanía política de los proyectos nacionales que se perfilan hoy en nuestra América.
En la 3º Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno del ALBA del 26 de Noviembre del 2008 realizada en Caracas se acordó la creación del SUCRE, apareciendo en las Declaración Final: “Articular una respuesta regional, impulsada por el ALBA, que busque la independencia respecto a los mercados financieros mundiales, cuestione el papel del dólar en la región y avance hacia una moneda común, el SUCRE, y contribuya a la creación de un mundo pluripolar.” Una definición de este tipo era impensable años atrás y, sin embargo hoy, al calor de los acontecimientos, parece algo real, posible, principalmente porque hemos visto la evolución de la institucionalización de los procesos que los pueblos latinoamericanos están llevando adelante.
Tal vez a la moneda común, el SUCRE en sí mismo, en papel y metal, nos falte todavía un tiempo para poder verla. Sin embargo, los hechos muestran que el camino es en una dirección, firme y sin pausa, es el largo camino de la integración latinoamericana que tanto soñamos y que tanto hablamos, algo que parecía muy lejano y que sin embargo, hoy, podemos empezar a discutir y debatir. Eso es, ya, haber triunfado. Porque eso es el cambio de paradigma que tenemos la suerte de vivir.

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